.: F a n f i c t i o n :.
Kn: ...
~ mamoritsuzukeru koto no utsukushisa
-----
-----
-----
-----
-----
-----
-----
-----
-----
-----
Camus x Milo
~ Blue Shadow ~
Camus: Al fin!!
Kn: ...
Milo: ¿Qué pasa? Ô.o
Camus: U se quedó sin palabras
Kn: .. cough!
Milo: ... ¬__¬U ella enferma y tu burlándote.
Kn: cough cough .. chicos.. no discutan por mi.. *pose dramática*
Camus: ¡QUIÉN DISCUTE POR TI O_Ó??!!
Kn: ustedes ^__^ cough .. -__-
Milo: YA! .. ¡OTRA DISCUSIÓN NO!!
Aioria: em .. º.º .. Disfruten el próximo capítulo como nosotros lo hemos
disfrutado ^__^
Camus: habla por ti ¬//¬U ..
Kn: .. cough.
Capítulo 4.
sore wa tada no maboroshi ~
*La grandeza de proteger a alguien
es tan solo una ilusión *
Estaba de espaldas a la barra, frotando un vaso enérgicamente. Cuando una mano
le tocó el hombro volteó con cara de enfado y respondió secamente.
- ¡¿Qué?! ... – parpadeó un par de veces y dejó el vaso junto con otros que,
como ese, estaban ya más que limpios - ... ¡Malditos!!
Irene se apresuró a salir de su pequeño encierro para abrazar al rubio sonriente
que había llamado su atención.
Milo la esperó con los brazos abiertos, apretando el cuerpo de la chica contra
el suyo con fuerza y cariño una vez que esta le rodeó el cuello con sus brazos.
Aún sin separarse del abrazo preguntó a todos en general.
- ¿Dónde os habíais metido?? – se separó para besar repetidas veces la mejilla
izquierda de Milo, haciéndole reír – ya .. podía .. esperaros!
La chica se separó de él, aunque seguía con las manos en sus hombros y el
escorpión la tomaba por los codos.
- Sufrimos un pequeño altercado antes de venir.. – empezó el rubio. Irene
frunció el ceño.
- ¿Cuántas veces os he dicho que...?
- Antes .. Irene .. – cortó Aioria – Deathmask estuvo molestando en el Santuario
..
- Ah .. – respondió tranquilamente la chica, que se lanzó a los brazos de Aioria,
para saludarlo efusivamente – ¿pero ha venido?
- No – esta vez hablaba Milo – se quedó en casa.
Un carraspeo sonó detrás de los tres. Irene sacudió su larga melena castaña
cuando giró la cabeza al oír increíblemente, puesto que el nivel de la música
era muy elevado, la suave tos.
Abrió los ojos a la par que la boca. Poco después, empezó a dar saltitos
nerviosos mientras ella y la persona que la había puesto en ese estado alterado
gritaban de felicidad.
- Aaaaah!! .. Irene! Linda! – Afrodita estiró los brazos, abrazando a la chica
que apenas hacía unas horas había visto – Aaah!!
- Dita!! Dita!! Aaaah!! – la joven correspondió al abrazo y poco después se
separó, tomándolo de las manos. – Aaaaw! ... me encanta tu pelo!! Estás tan
linda como siempre!
- Tu estás más linda que yo!
- SOY más linda que tu – replicó separándose del todo y luciendo una pose
sensual y una sonrisa torcida – pero ese no es el caso!
Irene volvió a su puesto tras el mostrador, sacando cuatro vasos largos y
poniendo un solo hielo en cada uno
- ¿Ya tomaron algo por ahí? – Aioria apoyó los codos en la barra antes de
responder.
- Nooo ... estos dos – señalaba a los otros chicos, que sonreían inocentemente a
sus lados – estaban empeñados en venir aquí directamente... Ouch!! ¿por qué me
has pegado?
Irene aún tenía agarrado el cuello de la botella con que había arremetido contra
la cabeza del león y lo miraba con el ceño fruncido.
- Porque no me quieres! .. – empezó a quitarle el tapón - ¿qué tu no querías
venir?
- Pues hoy hemos tenido que arrastrarlo .. – Milo se apoyaba en un codo a la
derecha de Aioria, y la otra mano descansaba en su cadera – un poco más y se
queda.
- ¿Y cómo es eso? – la joven servía los vasos sin siquiera mirarlos – Algo me
dice que el italiano tuvo que ver...
- ¿Intuición femenina?
- Tu deberías saber que sí tenemos, Dita. – Irene usaba un tono de broma
mientras le sacaba la lengua y hacía la mezcla. - ¿Qué pasó?
- Nada que merezca la pena contar .. – replicaba Aioria hablando pausadamente.
Milo le hizo señas, haciéndole saber que se lo diría más tarde. La camarera
arrastró las copas hasta que quedaron cerca de las manos de los chicos.
Levantaron sus vasos y brindaron por una buena noche.
Shura entró poniendo una de sus manos en la cabeza, sacudiendo su pelo,
librándolo de la pequeña capa de agua de la que se había cubierto por la
repentina llovizna fina y fría que había caído justo cuando se dirigían a la
discoteca.
Se dispuso a la ardua tarea de encontrar uno de los tres chicos que habían
constituido la avanzadilla del grupo y para su sorpresa, lo primero que vio fue
a uno de ellos. Aunque claro, no era tan raro que Afrodita estuviera bailando en
el podium del centro de la pista de baile.
Contento por no tener que buscar más, empezó a trazar su camino hasta el
Caballero de Piscis, moviéndose al ritmo de la música hacia él. Saludó a un par
de chicos, pero no se paró a preguntar y en cuanto estuvo a la altura del
podium, puso sus manos en él y se impulsó con ellas, subiendo con facilidad.
Tomó la cintura del chico entre sus manos y este, creyéndose que era uno de sus
múltiples acosadores intentó zafarse, pero la particular risa de Shura y la
vuelta que le dio, dejándolo de frente a él lo hicieron detener sus intentos y
empezar a darle golpes en el hombro al español, que aumentaba sus carcajadas por
momentos.
- Jajajaja!! – seguía riendo Dohko, viendo como Saga intentaba recuperar su
abrigo – Déjalo, Saga, no lo conseguirás, ese niño es más testarudo que tu.
- ¡¡Dohko!! – refunfuñó Aioros, haciendo un puchero aprovechando sus rasgas aún
medio infantiles – Muero de frío!
- ... Te aprovechas de mi... – musitó el hombre mayor, dejando de tironear de la
prenda y dejándola sobre los hombros del chico, que sonrió pérfido escondido
tras la tela gruesa del abrigo negro de Saga - ... pero esto me lo cobró... –
siguió hablando tan sólo para si mismo – como que me llamo Saga, que me lo
cobro...
- ¿Decías algo Saga? – preguntó Aioros con un retintín de triunfador.
- ¡Ashú!! – estornudó el rubio, moviendo la cabeza de un lado a otro y frotando
sus antebrazos, consiguiendo más risas de sus dos acompañantes y mirándolos todo
lo mal que podía en ese momento.
Aioria suspiró profundamente, rodando los ojos. Desde que se había separado de
Milo y Lucien una chica de aspecto risueño y decidido venía siguiéndolo y ya era
la tercera vez que le decía, cada oportunidad menos educadamente, que no iba a
bailar con ella, que tampoco la iba a invitar a una copa, que no hacía falta que
lo invitara ella y que no, no fumaba.
Hacía un rato que Camus había entrado en el local y lejos de empezar a buscar a
Shura, con el cual había llegado, pero que lo había perdido mientras él compraba
la entrada y el español entraba al local, había preferido alejarse un poco de
toda persona conocida y encontrar un poco de “paz espiritual”, yéndose directo a
la barra y pidiendo su primera copa de la noche, que bebió en dos tragos largos.
- Lo has visto ya.
Las palabras de Irene se escucharon perfectamente por encima del volumen de la
música. No era una pregunta, era una afirmación.
Milo frunció el cejo, sonriendo de lado sin humor.
- ¿Noche de cacería?
Preguntó la chica cerca de su oído, agarrando el vaso vacío que había más cerca
de ella.
El griego asintió desganado, observando la melena pelirroja que resalta entre
las figuras danzantes delante de él.
Ya hacía casi un par de meses que Camus no iba en busca de una chica con la que
pasar una noche y aplacar sus hormonas revueltas.
Milo y Camus nunca habían comentado nada sobre lo que él titulaba “Noches de
Cacería”, pero en cambio recordaba una frase que una vez Camus le dijo.
“Mi Maestro me enseñó que para poder pensar con claridad tengo que darle salida
a mis impulsos, no reprimirlos, pero también saber controlarlos y no dejarme
llevar por ellos.”
Las palabras resonaban en su mente, con el mismo tono infantil en el que un día
fueron pronunciadas. En aquella época Milo no entendió muy bien el significado
de la frase, pero ahora podía aplicarla a aquel hecho sin miedo a equivocarse.
Dejó escapar el aire por su nariz, sin prisa alguna y aumentando la tensión de
su frente. Enarcó las cejas y se giró en el momento en el que Camus tomó de la
cintura a una chica bastante alta de larga melena castaño claro y ondulada.
- Irene... – pronunció mientras intentaba llamar la atención de la camarera, que
estaba atendiendo un pedido a su derecha – ¿me pones un...?
La chica no lo dejó continuar, alzando la mano y pidiéndole que esperara su
turno. Milo apoyó los dos codos en la barra y dejó caer su cabeza en sus puños,
adoptando un gesto de desesperación, aburrimiento y frustración.
Irene no pudo evitar reírse al verlo así.
Golpeó con poca suavidad la cabeza de Milo con una botella vacía de cerveza, de
todas formas no le hizo mucho daño, aunque de igual manera, el chico, se llevó
una mano a la zona afectada, sobándose la cabeza.
Apretó los labios y las cejas, haciendo reír aún más a la camarera, que sacudía
su melena castaña al ritmo de sus movimientos de cabeza.
Irene apoyó el vientre en la barra, abarcando con sus brazos los hombros y parte
de la espalda del griego, abrazándolo con cariño y hablándole cerca del oído
para hacerse notar.
- No Milo, ya bebiste suficiente – su tono cambió a uno más suave, aunque igual
de alto -. Hoy no te dejaré emborracharte.
El abrazo terminó y un ligero pellizco en la mejilla lo hizo sonreír
primeramente sin ganas, pero después de que la chica le guiñara un ojo,
cómplice, sabedora de todo lo que el chico sentía y pasaba, la sonrisa en el
rostro acanelado del Caballero de la Octava Casa, pasó a una más tierna y
agradecida.
De pronto cambió su expresión totalmente a una de molestia.
Tendría que quedarse toda la noche allí sentado sino quería tener que ver como
Camus se marchaba con cual fuera su conquista esa noche.
- ¡¡Noooo!! – pataleaba Aioros en uno de los sofás que estaban por el fondo de
la discoteca - ¡¡Sagaaaa!! – protestó, presentando su mejor cara de niño dulce e
inocente.
Saga se reía entre dientes. Había arrastrado allí al chico travieso desde que
entraron y en toda la noche no lo había dejado moverse.
Aioros moría por bailar, pero aunque se quejara por su situación actual,
realmente prefería quedarse a cumplir su pequeño castigo.
Dohko bostezó, palmeando la ancha espalda de Aioria y riéndose cansado por lo
que este le contaba.
- ¡Sí, claro!¡Te ríes por que tu no estabas en mi situación!
- Ya, chico, ya.
- ¡Era acoso!! – el chino explotó en una carcajada sincera - ¡¡Qué no te rías!!!
Dohko trató de calmarse, sabedor de la hora que era y que se encontraban fuera
del recinto de la discoteca, caminando a paso lento para tomar el camino de
vuelta al Santuario, el mismo camino que habían visto tomar a Shura y Afrodita
poco antes.
El Caballero de Libra paró sus pasos, mirando hacia un recodo, donde una figura
esbelta parecía esperar a alguien.
Sonrió con ternura y sacudió la cabeza de un lado a otro suavemente.
- Aioria... – murmuró antes de darle otro par de palmadas en la espalda,
ensanchar su sonrisa y subir la altura de su voz – Creo que volveré solo!
- ¿Qué? .. pero qué refunfu.. – su vista se encontró con la persona que ahora se
paraba en medio de la calzada y subía una mano para apartar un mechón de su cara
– ñas ..
Sin más, el rejuvenecido Caballero empezó a andar a paso ligero, inclinando la
cabeza en señal de saludo poco antes de cruzar miradas con esa persona.
Aioria dio un par de pasos hacia delante, frunciendo el ceño al ver de quien se
trataba y soltando el aire despacio.
- Tú...
Se sentía extraño.
Demasiado extraño a su parecer.
Era cierto que cuando buscaba compañía por una noche solía beber una copa o dos
de más, para facilitarse a él mismo la tarea, deshaciéndose un poco de su frío
carácter.
Pero después de bailar con un par de chicas se había dado cuenta de que no era
estar con alguna de ellas lo que buscaba y por lo que estaba bebiendo cada vez
más de la cuenta.
Sus pies lo llevaron dando vueltas por todo el recinto, evitando la barra más
grande sin darse cuenta de ello. Suspiraba repetidamente y volvía a pedir otro
trago.
Su mente intentaba trabajar lo más rápidamente que podía con todo aquel tráfico
etílico en su sangre.
No sabía que hora era, pero sus pasos eran más apresurados y se chocaba menos
con los ocupantes de la pista de baile.
Su pecho ardía, su cabeza dolía y su garganta se notaba seca.
Notaba que se movía con movimientos torpes, pero su mente se nublaba cada vez
más, olvidando el dato y empezando a buscar algo desesperadamente, no sabía el
que... sólo que tenía que encontrarlo.
Milo suspiró pesadamente, si hubiera sabido en un principio que la noche iba a
ser así, mejor se habría quedado en casa.
Ninguno de los camareros le había servido una bebida alcohólica, pero agradeció
que le dieran tema de conversación, o haría ya casi un par de horas que se
habría ido.
Resopló de nuevo y casi se cae del taburete donde estaba sentado al ser abrazado
impetuosamente por la espalda.
- ¿Pero qué..? – preguntó intentando zafarse del abrazo.
- ¡Milo! – gritó una voz, exageradamente aguda y con demasiada alegría – Te
encontré.
Las dos últimas palabras las habían pronunciado casi arrastrándolas, pero
igualmente con una alegría impresa que era claramente auténtica.
No reconocía la voz, pero se le hacía familiar y tuvieron que pasar bastantes
segundos desde que el rostro sonrojado y sonriente de su amigo francés
apareciera por su lado hasta que relacionara aquella cara con la persona a la
que correspondía.
Kn: ....
Milo: .. ó_o ...
Aioria: ¿Sigue sin poder hablar?
Camus: -___-* no, no es eso.
Milo: ... *pasando su mano por delante de neko* no reacciona...
Kn: ... quiero dormir .__. ...
Milo: DIJO ALGO O.O
Camus: bueno Oo al menos no dará guerra.
Aioria: O.o nos vemos en el próximo capítulo!!
Milo: Adiós ^^!!
Camus: .. -__- ciaos.
Kn: .. mi cama ...